Tumbarse en una playa y darse un chapuzón para refrescarse, ¿le suena? Quizá le parezca normal, pero debe saber que un día no lo fue…

A finales del siglo XVIII, las playas no tenían en absoluto el interés que hoy tienen para nosotros. Los baños de mar solamente se realizaban bajo prescripción médica para «purificar el cuerpo» y tratar enfermedades pulmonares. Por aquel entonces se denominaban «baños hidroterápicos».

Debido a su lejanía geográfica, Bretaña no resultaba fácilmente accesible, por lo que la burguesía parisina se dirigía a Normandía, en cuya costa se construyeron los primeros balnearios.

Pero la llegada del ferrocarril a Francia permitirá comunicar mejor otras ciudades del litoral y facilitará el desarrollo de la localidad de Saint-Cast le Guildo, entre otras muchas. ¡Piense que a comienzos del siglo XX el viaje entre París y Saint-Cast duraba 14 horas! Cuando se creó la línea París-Brest en 1865, resultó más fácil para la aristocracia parisina acudir a la costa bretona para realizar sus cuidados médicos.

Saint-Cast

La localidad de Saint-Cast se desarrolló bastante rápidamente gracias a la llegada de numerosos parisinos y visitantes del norte de Francia que acudían a pasar unos días en su costa y llenaban sus playas de fina arena.

Se instalaron casetas en la Grande Plage para proteger a los clientes del sol y del viento, compartir un piscolabis con amigos y familiares, cambiarse y ponerse el bañador

En la Grande Plage encontrará casetas de madera idénticas a las instaladas a comienzos del siglo XX y que aún pueden alquilarse.

Saint-Cast-Le Guildo

Grande Plage - Saint-Cast -le Guildo

Saint-Cast-Le Guildo

Sables d’Or

El balneario de Sables d’Or les Pins debe su desarrollo a dos hombres:

  • Louis Harel de la Noë: ingeniero de ferrocarriles departamentales de Francia.
  • Roland Brouard: agente inmobiliario de St Malo que tuvo la visión de un balneario de vanguardia, con espacio para automóviles y deportes modernos.

De 1922 a 1924 se llevan a cabo las obras y el balneario se inaugura en julio de 1924. A partir de 1925, el terreno aumenta considerablemente de precio. Para algunos periódicos, se trata de «la nueva perla de la costa Esmeralda» y los pósteres de Sables d’Or aparecen por doquier: en el metro, en las agencias de viajes, etc.

Por aquel entonces, Sables d’Or no se denominaba «balneario», sino «estación climática ». Esta denominación, reconocida internacionalmente, conoce un gran éxito entre los ingleses e incluso en el Ministerio de Sanidad. Se basa en la calidad del aire y del agua, la fiabilidad del saneamiento y la ausencia de cualquier fuente de contaminación potencial. Una estación climática era reconocida entonces por la acción beneficiosa de su clima y atraía a un gran número de visitantes.

Los trajes de baño

A principios del siglo XX, es conveniente taparse y evitar el sol: ponerse moreno se relaciona aún con los campesinos, con la gente que trabaja en exteriores, y aún resulta bastante peyorativo, poco elegante y vulgar para la gente pudiente.

Los trajes de baño eran muy diferentes en aquella época; no se denominaban «bañadores» sino «trajes de baño» precisamente porque ocultaban gran parte del cuerpo. Eran de algodón o lana y casi siempre de color negro: la higiene y el confort no importaban mucho, ya que el objetivo era disimular el cuerpo al máximo.

Saint-Cast-Le Guildo

Desarrollo de los balnearios

Los primeros turistas provenían de las clases pudientes de la población. Por lo tanto, la oferta turística se adaptaba a ese tipo de público. Saint-Cast, destino turístico de moda, conoció un periodo floreciente hasta el comienzo de la Primera Guerra Mundial. Se construyeron hoteles de lujo: El hotel Royal-Bellevue, el hotel Ar Vro, el hotel de la Garde… una oferta de lujo que atrajo a clientes adinerados.

Tras la Primera Guerra Mundial, la playa se populariza y poco a poco se convierte en sinónimo de disfrute y relajación. Ir al mar se pone de moda.

La ley francesa que aprueba las vacaciones pagadas en 1936 revoluciona el turismo. A partir de entonces, ¡un importante número de personas tiene acceso a las vacaciones ! Desde entonces, las vacaciones en el mar no están reservadas a una élite afortunada. Por ello, resulta necesario reordenar el territorio para atraer también a esta nueva clientela que, a pesar de tener vacaciones, contaba con un presupuesto más limitado que los clientes de alto poder adquisitivo. Esto llevó a la aparición de hoteles de precios más razonables. Los hoteles de lujo desaparecieron poco a poco para dejar paso a los campings a partir de los años 50. Nace otra forma de hacer turismo.

La clasificación de «balneario» (= centrada en los baños de mar), fue otorgada por el Ministerio de Turismo en 1954 a Sables d’Or les Pins y en 1969 a Saint-Cast le Guildo.

Desde entonces, ya no se va al mar por razones médicas, sino para divertirse, relajarse o soñar despierto con los pies en la arena.


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